Cuando un conjunto de creencias no tienen base que las sostenga; encubren malas prácticas bajo una apariencia benévola; son compartidas por multitud de personas; y se consideran inmutables, se convierten en estereotipos.
Creer que la erótica femenina y masculina son de diferente naturaleza, opuestas y complementarias, es uno de ellos.
Veamos el caso de Raquel y Sergio y, su estereotipada erótica en su vida sexual de pareja.
En tema de sexo, Raquel siempre lleva la iniciativa y manifiesta su deseo con una impulsividad, cada vez más descontrolada.
Mientras que Sergio reprime su deseo sexual como si fuese algo tabú o no fuese en su naturaleza.
Donde sí se «complementan», es en que Raquel siempre parece tener ganas. Y él, aunque no tenga, siempre está disponible para recibir y contener los fuertes impulsos de ella.
Y donde sí son «opuestos», es en la erótica directa de Raquel y en la sensual de Sergio. Pues ella suele dejar de lado besos, caricias y ternura que, tanto parecen gustarle a él.
Es evidente, la necesidad de Raquel de reafirmar su potente feminidad, mediante el sexo, sin importarle como se siente él.
Y la resignación de Sergio, aceptando un rol pasivo y sumiso, ante el instinto animal y dominante de la erótica de su pareja.
En ocasiones, Raquel le muestra cariño, ternura y amor. Cosa que a él, cada vez le excita menos y le confunde más, pues solo es en el sexo, cuando es afectuosa con él.
Duda de si esa afectuosidad, sólo tiene el fin encubierto de desahogarse y divertirse nada más, para su novia.
Sergio simula una sensual y sutil excitación para que, estas muestras de afecto se repitan más veces, y no solo en el sexo.
Limita sus sensaciones placenteras con el fin de satisfacerla; demostrarle lo mucho que la quiere; y con la ilusión de ser correspondido como a él le gustaría.
Y es cuando viene otra confusión, pues una super celosa y posesiva como Raquel, lo malinterpreta como que siempre estará por y para ella, y eso le encanta y la «pone» agresiva.
Con lo cual, se alimenta la cada vez más brusca erótica de Raquel. Y la de Sergio se difumina en un conflicto de interferencias entre placer, diversión, amor, dignidad, instinto.
Pues el placer que no siente (y duda de si tiene derecho a sentir), depende de los sentimientos de amor que no recibe, y sobre los que su erótica tiene gran dependencia.
Demasiadas dependencias, dudas y confusiones heredadas de estereotipos que han limitado y limitan el derecho de muchas y muchos, a tener una vida sexual sana, plena y digna.